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“The good, the bad and the bette” Bette Smith (2020)

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Cuando en 2017 salió al mercado primer disco de Bette Smith, “Jetlagger“, muchos nos preguntamos de dónde había salido semejante huracán musical. Bette se crió en Brooklyn y aprendió a cantar de niña en la iglesia, donde su padre era director del coro. Tras un concierto en un club, un desconocido se acercó a hablar con ella y le sugirió que hablase con un amigo suyo, un músico y productor musical. Así es como Bette se puso en contacto con Jimbo Mathus, líder de Squirrel Nut Zippers y de multitud de proyectos más, y poco tiempo después nació el primer larga duración de Bette.

En este “The good, the bad and the betteJimbo colabora únicamente como músico de apoyo en algunos temas. El disco ha sido producido por Matt Patton de Drive-by Truckers junto a Bronson Tew. En esta ocasión los invitados especiales han sido Luther Dickinson de North Mississippi Allstar y Patterson Hood, líder de los citados Drive-by Truckers. El resultado ha sido un robusto compendio de temas soul, con mucha pegada y claras influencias de la música rock. La misma Bette reconoce que al cantar necesita exorcisar la agresividad que lleva dentro y comunicar con la audiencia a un nivel muy visceral.

El recio funky de “Fistful Of Dollars” abre el disco y ya estás sobre la pista de lo que encierra este “The good, the bad and the bette“: exuberante y potente música negra de raíces soul con influencias varias. “Whistle Stop” es el segundo tema y muestra a una Bette más emotiva en una elegante balada soul. La energía regresa con “I’m a sinner” donde el rock, el blues y el soul se dan la mano, en un tema muy físico. Llegamos así al primer single del álbum “I feel it too“. Con una sección de vientos muy presente y un coro que te obliga a cantar por todo lo alto. La elegancia soul vuelve a hacer acto de presencia con “Signs and Wonders“, un medio tiempo con un gran trabajo rítmico y de guitarras, además de la gran voz de Bette, por supuesto. En “Human“, nuestra protagonista muestra otro registro vocal, en un intenso tema funky y soul. Los decibelios vuelven a bajar con “Son of a friend“, impecable corte soul donde todo encaja como un guante. El rock arrastrado de “Pine Belt Blues” con grandes coros gospel, riffs blueseros y atmósferas de órgano Hammon es un gran compendio de los ingredientes del álbum, con un estribillo se te queda pegado a la piel. Y por supuesto y a riesgo de se repetitivos, el vozarrón de Bette. En la emotiva e inspiradora “Everybody Needs Love” con, de nuevo un gran estribillo, se incluye la presencia vocal de Patterson Hood y tiene un toque más country-rock en las guitarras. Acabamos con la balada acústica de “Don’t Skip Out On Me“, un perfecto y precioso cierre.

Bette Smith podría emparentarse con artistas como Sharon Jones o Charles Bradley. Además de ser todos originarios de Brooklyn, cada uno posee un estilo propio y característico, cuya personalidad les aleja de las típicas cantantes pseudo-soul que han florecido en los últimos años. Aquí estamos hablando de música real, de la de verdad.

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