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“The Deuce (Las Crónicas de Times Square)”. Primera Temporada (2017).

M.A.V. 7 months ago
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La Nueva York de los años 70 era una ciudad en crisis, caótica y violenta. Con problemas de delincuencia, drogas, prostitución y otros males de finales del S. XX. Sin embargo, en la actualidad hay quien echa en falta esa ciudad peligrosa y desafiante. Dentro del mundo del rock’n’roll y de la cultura más alternativa, es casi un tópico. Patti Smith carga en sus entrevistas con la gentrificación de la ciudad, Michael Monroe declama en su canción “Ballad Of The Lower East Side” que “Había yonkis, chulos y putas, pero ahora está tan limpio que no hay sitio donde quedarse” y el escritor Luc Sante afirma que actualmente es una «capital de franquicias y casuchas de millones de dólares, de servicios públicos mínimos e impuestos de favoritismo, de un Times Square corporativo y un Harlem blanqueado» (“Mata a tus ídolos”, Libros del K.O., 2016).

La pregunta es: ¿hay razones para esa nostalgia? Si ponemos la mirada en el periodo de los años 70 y los primeros 80, las cosas eran muy diferentes. Estamos hablando de la era pre-Ronald Reagan y pre-Rudolph Giuliani, el alcalde republicano que en los 90 dio un lavado de cara a la ciudad. Nueva York estaba en plena decadencia, con una  economía estancada y bajo mínimos y con problemas sociales por las nubes. Sin embargo, durante esos años fue un hervidero creativo cuyo impacto ha llegado hasta nuestros días. Solo citando a algunos de los  artistas más famosos de aquellos tiempos llenaríamos miles de páginas.  Allí nació un nuevo tipo de rock’n’roll y fue el origen del punk. Pasaríamos una eternidad hablando de los locales CBGB’s y del Max Kansas City o de bandas como Ramones, The Dictators, Blondie, The New York DollsDead Boys, Talking Heads o Television. La ciudad también fue el origen de todo el movimiento Hip-Hop en el Bronx y Harlem, con gentes como Grandmaster Flash o Afrika Bambaataa. Incluso la música disco dio en Nueva York sus primeros pasos en ese tiempo. Pero no solo de música vivía la ciudad. Durante aquellos días en Nueva York nació el arte urbano y los grafitis. Allí eclosionó también la llamada Generación de los 70, formada por directores de cine  como Martin Scorsese, Fancis For Coppola, Brian De Palma, Ridley Scott y otros muchos no adscritos a esa etiqueta, sin olvidar por supuesto, a Woody Allen. Sus calles las poblaban gentes como los escritores William Burroughs o Allen Gingsberg o como el fotógrafo Robert Mapplethorpe, el pintor Jean-Michel Basquiat o Andy Warhol. Luc Sante lo explica así: “Entonces, pese a la existencia de núcleos de poder como Wall Street, Nueva York era una ciudad del Tercer Mundo. Había una actividad cultural desaforada pero se podía vivir por muy poco dinero. La ciudad era un imán que atraía talentos artísticos de todas partes. El Nueva York de aquel entonces era una mezcla irrepetible de cosmopolitismo y abandono. En el Lower East Side por las noches se vivía al resplandor de los incendios que provocaban los dueños de los edificios. Por supuesto, aquello no podía durar. La idea de un Nueva York pobre era insostenible. El capitalismo no se iba a cruzar de brazos ante semejante desperdicio”.

The Deuce era como se conocía popularmente a la zona de la isla de Manhattan de discurría por la Calle 42 entre la Séptima y la Octava Avenida. Un núcleo de tráfico de drogas, prostitución callejera y delincuencia del más variado pelaje. La serie trata de retratar fielmente cómo discurría la vida por sus oscuras calles y cómo eran los habitantes que las poblaban. La excusa es narrar el nacimiento y primer desarrollo de la industria del porno desde  los años setenta hasta principios de los ochenta. David Simon, auténtico icono de la producción televisiva gracias a trabajos como “The Wire”, se vuelve a aliar con el escritor George Pelecanos para dar forma a esta enrevesada y difícil historia. Los dos creadores de “The Deuce” estaban trabajando en “Treme” la excelente serie sobre la vida de los músicos de Nueva Orleans tras el huracán Katrina, cuando Mark Johnson insistió a ambos a con el tema principal de esta serie. Al principio no las tenían todas consigo, no creían que allí hubiera buen material para una serie. Hasta que Johnson les presentó a un hombre, de nombre desconocido, que “conocía historias” de los años setenta. Había regentado locales de copas, estuvo relacionado con salones de masaje y su hermano había estado vinculado con el nacimiento de la industria pornográfica. Tras la reunión Simon y Pelecanos vieron que allí había mucho que contar. Según Pelecanos los personajes eran muy ricos en matices y la historia tocaba muchos temas que les interesaban. Entre ellos, los roles de género y la misoginia  o que aquellos que hacían la mayor parte del trabajo apenas se beneficiaban de él (capitalismo en su forma más pura y salvaje). Por su parte,  Simon mantiene que el objetivo al hacer la serie, era por un lado huir de la visión moralista de la pornografía y la prostitución y por otro,  evitar caer en lo superficial y gratuito. Intentar encontrar un equilibrio entre ambos extremos: ni hacer porno ni criticar el porno.

El resultado ha sido una serie con las características habituales de los trabajos de Simon. “The Deuce” es compleja y absorbente, con mucha sustancia. El tema central es desmenuzado en todas sus capas, siempre bajo un prisma de verdad y autenticidad. Los conflictos, problemas y personajes son reales. A través de un reparto coral, las tramas se van superponiendo para mostrar la historia desde múltiples ángulos y puntos de vista. Los capítulos son largos y  de cocción lenta, donde parece que la trama apenas avanza,  pero sin embargo el suministro de información nunca cesa. Quién espere una serie trepidante, con constantes giros en el guion y finales álgidos que enganchen para ver cómo se solucionan en el siguiente capítulo, no lo va a encontrar en “The Deuce”. De momento se ha emitido una primera temporada y los responsables de la serie ya han anunciado que habrá una segunda.

Asistimos al nacimiento de la industria pornográfica y los mil y un temas se interrelacionan y ramifican en todas direcciones. El negocio de las revistas y cintas para pervertidos se conecta con el día a día de la prostitución callejera en Manhattan. Con las relaciones de las prostitutas y sus chulos, sus clientes y entre ellas. Con la especulación inmobiliaria y el desarrollo de los eufemísticamente llamados, “salones de masaje”. Con la labor de la policía, con la venta de droga, con decisiones políticas poco claras, con la violencia, con la homosexualidad, con el periodismo, con la misoginia, con la mafia, con la vida nocturna de la ciudad,  con, en definitiva, la vida y sus conflictos.

James Franco, que además de interpretar a dos hermanos gemelos realiza labores de dirección, y Maggie Gyllenhaal, encabezan el reparto. En el cual se incluyen otros actores habituales en las producciones de Simon como Lawrence Gilliard, Jr. (el poli honesto) o Chris Bauer (el cuñado en paro que quiere escapar de la vida familiar). De entre todos ellos sin duda destacan la citada Maggie Gyllenhaal y Dominique Fishback. Ambas interpretan a dos prostitutas, Candy y Darlene, respectivamente. Candy es posiblemente el personaje con más peso y envergadura de la serie y Gyllenhaal consigue transmitir un montón de emociones contrapuestas y hasta contradictorias, con una interpretación contenida y sutil. Fishback en el papel de Darlene llena la pantalla cada vez que aparece. Con un personaje que por un lado es sensible y empática y por otro es manipuladora; sabe conseguir lo que quiere y está dispuesta a acarrear con las consecuencias. Huelga decir que todos los personajes tienen un trasfondo muy humano, con sus grandezas y bajezas y los más atractivos son los de las mujeres prostitutas. Por una vez se da voz a un colectivo doblemente marginado, y no se cae en posiciones extremas, moralistas o superficiales.

Siete directores diferentes se han encargado hasta el momento de plasmar las ideas de Simon y Pelecanos, reforzados en la elaboración del guion por Richard Price. La serie se comenzó a rodar teniendo solo los tres primeros guiones escritos. Aunque sus creadores sabían dónde querían llegar y qué querían contar. De esta manera, la historia y los personajes se mantienen vivos y se puede ir descubriendo y coloreando matices, según los resultados de la grabación y el trabajo de los actores. Estéticamente ya desde los primeros planos se ve claramente la influencia del cine Blaxploitation, incluida la banda sonora, con un tema de Cutis Mayfield en los créditos. Otras referencias podrían ser películas como “Cowboy de Medianoche” (John Schlesinger, 1969) o “Fort Apache, The Bronx” (Daniel Petrie, 1981) entre muchas otras.

A parte de las  posibles referencias cinematográficas,  al contemplar “The Deuce” al espectador pueden venirle a la mente diversas referencias literarias. Ignoramos si los creadores las han tenido en cuenta. Pero los chulos de “The Deuce” son tal y cómo los describía Iceberg Slim en su obra más famosa: “Pimp”. Slim fue un proxeneta negro que cumpliendo condena se convirtió en escritor. El objetivo era de sacar algo positivo de su vida como delincuente y prevenir a los jóvenes para que fueran por el buen camino. No está claro que lo lograse, ya que su obra se convirtió en inspiración y manual para que muchos se adentraran en la senda de la delincuencia. Otra referencia literaria que fácilmente acude es la de Chester Hymes. También delincuente reciclado en escritor y uno de los máximos exponentes de la novela negra. Tanto por su temática como por el color de su piel. Además de compartir escenario con la serie, el agobio, suciedad y corrupción que se respira en  “The Deuce”, es casi igual que los de una novela de Hymes. Por momentos, da la sensación de que Sepulturero Jones y Ataúd Johnson (los dos personajes más famosos de Hymes) desfilarán por la pantalla.

Las localizaciones, decorados y todo lo relacionado con el aspecto visual en “The Deuce” se controla milimétricamente. Ya no queda nada de la Nueva York que se pretende retratar y para rodar los exteriores apenas encontraron un par de calles que aun mantenían ese aspecto decadente y oscuro. Que para mayor contradicción, no se encontraba en Manhattan. La ropa, coches, todo lo que se ve en pantalla, es de los años 70. Esta obsesión con los detalles también se encuentra en el guion. Como se puede observar en la mención a un concierto de la Velvet Underground en el Max’s Kansas City o a los  disturbios de Stonewall de 1969 o en un mafioso leyendo “El Padrino”.  Detalles apenas perceptibles, pero sirven para contextualizar con rigor y amplitud la época en la que se desarrollan los acontecimientos.

  • Dirección: David Simon,  Michelle MacLaren,  Ernest R. Dickerson,  James Franco, Alex Hall,  Uta Briesewitz,  Roxann Dawson.
  • Guion: David Simon, George Pelecanos, Richard Price.
  • Fotografía: Vanja Cernjul, Pepe Avila del Pino.
  • Reparto: James Franco,  Maggie Gyllenhaal,  Margarita Levieva,  Gbenga Akinnagbe, Dominique Fishback,  Gary Carr,  Lawrence Gilliard Jr.,  Emily Meade,  Michael Rispoli, Chris Bauer,  Don Harvey,  David Krumholtz,  Chris Coy,  Natalie Paul,  Pernell Walker, Method Man,  Tariq Trotter,  Zoe Kazan,  Mustafa Shakir,  Ralph Macchio.

 

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