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“Strictly a One-Eyed Jack” John Mellecamp (2022).

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No lo veo tan oscuro en absoluto. Simplemente lo veo como una búsqueda de la verdad de la vida“.

Pongamos algo de contexto. Un ataque al corazón, tres divorcios, cuatro paquetes de tabaco al día, veinticinco discos, setenta años. Está claro que John Mellecamp ya no es aquel tipo arrogante que cantaba en contra de la autoridad. En una entrevista reciente confesó que le costó muchos años reconciliarse con esa “cancioncilla“, según llamó a “Jack & Diane“. Un tema sobre amor adolescente que supuso su mayor éxito. Y por tanto, su mayor condena. Porque a la vez que aupó su carrera a grandes niveles comerciales, también supuso su encasillamiento. Muchos le recuerdan como ese joven rockero que hace ya muchos años dejó de ser. Pero, si. Aunque sea una incongruencia total, todos queremos escuchar un nuevo “Paper in fire” de su boca.

La etapa de madurez de John Mellecamp está repleta de grandes canciones y discos notables. Los fans que le hemos seguido fielmente podemos atestiguarlo. Cada uno con sus matices e idiosincrasia. “Strictly a One-Eyed Jack” por supuesto no es una excepción. Estamos ante uno de los mejores cantautores de su generación. El disco, al igual que la propia vida personal de Mellecamp ha sufrido bastantes contratiempos. La grabación y el lanzamiento fueron aplazadas por la pandemia. Motivo por el cual el de Indiana se vio con veintisiete temas grabados y listos para editar. Siendo doce los finalmente escogidos.

En conjunto es un disco reflexivo y profundo. La palabra melancólico quizá sea algo suave para las emociones que emanan de este trabajo. Mellecamp transmite verdadera tristeza. Son las palabras y la voz de un hombre derrotado y atormentado. Su garganta cada vez más destrozada por la adicción al tabaco, potencia el efecto. Al noventa por ciento de los oyentes les parece escuchar por momentos a Tom Waits.  Al de la época de los tugurios, el humo y el alcohol. Pero aquí no se desarrolla un personaje, esto es cien por cien real. Con unos arreglos y una producción austeros, todo recae en los hombros de John. En sus ásperos fraseos, melodías y en sus poco amables observaciones sobre nosotros mismos.

Bruce Springsteen, al que John reconoce, además de como amigo, como una competencia indirecta que le obligó a mejorarse disco a disco, es la colaboración estrella del álbum. “Wasted days” es un dueto que parece tener una influencia mayor de Springsteen. El estribillo podría ser un cántico de esperanza, pero suena más decaído, más cenizo. El Mellecamp sombrío de este disco lo cubre todo. Otra de las colaboraciones del de New Jersey es “Did you said such a thing“. Una canción típica de Mellecamp, con guitarras entrecortadas sobre una base muy percusiva por la que sobrevuela la voz de John. La última colaboración es el tema que cierra este “Strictly a One-Eyed Jack“: “A life full of rain“. La profunda voz de Mellecamp junto a un piano recitando versos sobre la soledad y el destino, con la puntilla del solo de guitarra final de Sprignsteen, pueden hundirle el día al más pintado. Avisados están, estimamos oyentes.

Los músicos intervinientes son Andy York, su mano derecha desde hace décadas, junto a Mike Wanchic a las guitarras, John Gunnell al bajo, Miriam Sturm y Merritt Lear a los violines y Troye Kinnett al piano, acordeón, armónica y órgano. Estos acompañan a Mellecamp por un viaje sonoro oscuro y bello, con puntuales ráfagas de luz.

I Always Lie to Strangers” arranca inquietante. Con poca instrumentación, un violín casi omnipresente y una amarga letra. “Driving in the rain” suena más ligera, con un toque country y unos versos sobre el pesar que llega con la edad. “I’m a man that worrires” se puede emparentar más con el blues. Percusión grave, guitarra slide, arreglos de violín y ya son tres grandes temas de tres. Según avanza el trabajo nos encontramos con sombrías baladas como “Gone so soon“, pinceladas más rockeras en “Lie to me” y todas las canciones con un nivel compositivo muy alto.

Strictly a One-Eyed Jack” es un trabajo muy sólido, doloroso, no apto para todos los públicos. Y suponemos que no le hará captar nuevos fans a John, lo que también sospechamos le da igual. Mellecamp mira con amargura hacia si mismo y hacia lo que le rodea. Como fans egoístas nos congratulamos del gran resultado artístico. Pero también deseamos que John apacigüe sus demonios y deje de ser el hombre que se preocupa.

 

 

 

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