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“Nothing but a good time” Tom Beaujour y Richard Bienstock.

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Pura adrenalina en vena. Beaujor y Bienstock retratan a través de cientos de entrevistas, con sus protagonistas directos, una de las escenas más divertidas y pasadas de vueltas de la historia del rock. La del glam-metal, hair-metal o sleaze. Como prefieras llamarla. Puertas para afuera todo eran riffs pegadizos, pelos crepados, chicas ligeras de ropa y letras sobre ligar e ir de fiesta. Puertas para adentro, lo que se narra no defrauda en absoluto. Todo era más loco si cabe. Estamos ante una colección de recuerdos y anécdotas realmente divertidos, que conforman una historia, un momento y un lugar en el rock que explosionó como una super nova. Que al final destrozó y arrasó todo a su paso, pero que a día de hoy todavía perviven muchos de sus destellos.

Una vez pasada la efímera moda del estilo y durante muchos años, decir entre los aficionado al rock que eras fan del glam-metal angelino, era motivo de chiste instantáneo. Todos esos grupos pasaron en un par de años de ser super estrellas a ser un chiste. Sin fases intermedias ni escala de grises. Eran  auténticos dinosaurios caducos motivo de mofa entre los fans. Pero cómo veremos más adelante, el tiempo siempre termina por poner las cosas en su lugar.

Nothing but a good time” se disfruta del tirón, es imposible no enganchase a tal número de excentricidades y el formato oral lo hace muy dinámico. Quizá su punto débil es que en ocasiones resulta algo confuso o desordenado. Pero eso es algo habitual en las biografías orales. La cantidad de personas que retratadas aquí de la escena del glam-metal ochentera es enorme. Hablan músicos, productores, responsables de salas, managers, representantes, responsables de discográficas, diseñadores, etc. Dando una visión muy completa de todo lo que pudo pasar. Organizar tal cantidad de testimonios y dotarles de una estructura narrativa es una tarea ardua y farragosa.

Si solo fuera por el mero carácter informativo y anecdótico, la lectura de “Nothing but a good time” ya merecería la pena. Entresijos de las grabaciones de temas como “Cum on feel de noize” de Quiet Riott, ¿hay algún otro grupo en el mundo que quisiera boicotear su propia grabación y en el intento, fracasaran y encima facturasen un éxito mundial? Anécdotas hilarantes como la de los chinches en el autobús de Ratt . O Axl Rose tocando al piano una inédita “November Rain“, con unos pantalones de cuero agujereados estratégicamente que le dejaban el trasero al aire. O las maniobras de marketing para poder reventar el sistema de votación popular de la cadena MTV.

Pero además bajo estas y otras historias de corte similar se esconden muchas cosas.

Mötly Crüe, no quisieras presentárselos a tu madre. 

Los Angeles era una de las mecas de la industria musical, el sitio en el que debías estar si deseabas vivir de la música. Esto hizo que junto a su excelente clima y al depauperado estado de algunas zonas céntricas de la ciudad, con alquileres muy bajos, muchos chavales intentaran la aventura. Produciéndose un enorme movimiento migratorio en la ciudad. Nadie era oriundo de Los Angeles, todos provenían de otras zonas, muchas veces muy alejadas. Los bichos raros de todas las poblaciones del país se juntaron en la misma ciudad y comenzaron a frecuentar el mismo ambiente. Algo más importante de lo que parece, puesto que el público fue muy importante en la escena. Era una audiencia  muy participativa, se vestían y se comportaban igual que las rockstars y ese ambiente se retroalimentaba continuamente. El ensayo autobiográfico de Chuck Klosterman “Fargo City” refleja muy bien cómo se sentían todos estos fans en la época, sobre todo los que vivían en las zonas más rurales y aisladas. En este caso, el autor era un fan irredento de los infames Mötley Crüe.

La gran mayoría de estas bandas se formaron por músicos realmente jóvenes, muchos de ellos adolescentes, que no tenían en su haber un plan b. Triunfar en la música era su principal obsesión. Y en el camino sexo y drogas, claro. Subsistían con empleos precarios y el resto del tiempo lo dedicaban a practicar y a sociabilizar dentro de la escena, buscándose la vida. Dormían en sus propios locales de ensayo o hacinados en semi derruidos y apestosos apartamentos. Axl Rose lo hacía en las escaleras de la tienda donde trabajaba y se apuntó a un gimnasio para poder ducharse con regularidad.

En estas circunstancias hay que estar, no ya implicado en tu proyecto, sino estar realmente obsesionado con lograr tu objetivo. Esta perseverancia y empuje es lo que les hizo triunfar. Son cualidades indispensables para salir adelante en cualquier aspecto de la vida. Además, la competencia era feroz. Si no eras capaz de destacar por encima del resto de bandas no conseguías bolos. Muchas salas de la ciudad no disponían de música enlatada. Es decir, los grupos tocando el directo eran el DJ. Estaba prohibido tocar material original si no eras un grupo con un cierto estatus. Así que había que dominar un repertorio de versiones y hacer bailar al respetable. Además hacerlo durante muchas horas, ya que se programaban varios pases por noche. Esto supuso estas bandas se curtieran mucho como músicos, adquirieran muchas tablas y los combos sonaban muy cohesionados.

Great White versioneando a Spencer Davis Group

Juntando esta competencia para que te contratasen, junto a la escasez de medios económicos, el hazlo tu mismo se hizo obligatorio. Las bandas diseñaban y fabricaban su vestuario y el atrezo para sus bolos. Quien tuviese una puesta en escena más llamativa, tenía más papeletas para que el público le recordase. De ahí llegar a la absurda competición de a ver quien era capaz de creparse el pelo más alto que los demás, o lanzar filetes a tu público, solo hay un paso. Aquel grupo en el que alguno de sus componentes tenía un taller donde poder fabricar elementos decorativos para el escenario era afortunado. Que utilizaras incorrectamente gas metano en uno de estos inventos y que ardiera en el escenario, como le pasó a W.A.S.P, ya es otro cantar. También nos enteramos aquí de la razón por la que los pantalones de spandex eran tan habituales en la época: no se rompían con tanta facilidad al hacer piruetas en escena.

Musicalmente hablando las bandas del sleaze tenían como referentes inmediatos a Kiss, Aerosmith, Van Halen, Cheap Trick, AC/DC y a otras grandes bandas de los 70, como The Who, Led Zeppelin o Black Sabbath. Sin embargo en ese momento estos grupos tampoco pasaban por su mejor momento de popularidad. El punk había pasado como un ciclón y aunque no tuvo una gran aceptación popular, lo único que dejó en pie fue la new wave. Si, corbatas estrechas y canciones pop con ritmos sincopados.

Eddie Van Halen era el guitarrista de referencia para toda la escena, lo que ayudó a desarrollar la figura del corrededos. El guitarrista pirotécnico y llamativo capaz de tocar mil notas por segundo. La gran diferencia es que Eddie siempre tocaba solos cortos para no aburrir ni abrumar al personal. Menos, claro está, en su tema “Eruption“. Que fue la piedra filosofal para este tipo de músicos. Pero la culpa no fue de Eddie, sino también de la citada competencia y la necesidad de diferenciarse y destacar. Dejó de estar de moda el solo de guitarra expresivo. Ese  que pretendía ser un reflejo de un estado de ánimo del guitarrista o ese que cómo decía Louis Armstrong, “cuenta una historia“. Ahora se traba de molar y tocar algo realmente explosivo, impactante. Esta forma de aproximarse a la música se parece más a practicar un deporte. Algo similar está pasando en la actualidad. Con una enorme cantidad de niños prodigio y malabaristas instrumentales que se dejan ver por las redes sociales. Gente que jamás ha tocado en una banda y que persiguen la admiración de los demás mediante habilidades cuasi circenses y sin salir de sus casas.

Eddie Van Halen entrando en erupción.

El gran big-bang del glam-metal de finales de los 80 se produjo con el tema “Cum on feel the noize” de Quiet Riott.  Aunque los Riott no encontraban sello para su próximo lanzamiento, un productor, Spencer Proffer, acordó con la banda hacer un disco bajo una condición: que hicieran una versión del tema de Slade “Cum on feel the noize“. La banda aceptó a regañadientes, ya que solo querían grabar material original. Su plan maestro era boicotear su propia grabación. Hacerla tan mal que Proffer desistiera de incluirla en el álbum. Cuando apretaron el botón de grabar, el batería improvisó un ritmo y el resto de la banda comenzaron a tocar sobre él. En ese instante todo comenzó a fluir y en contra de lo acordado, la banda hizo una interpretación excepcional. Poniendo en un aprieto a DuBrow. El cantante no podía desperdiciar una toma tan buena y se vio obligado a cantar a la altura de las circunstancias.

El éxito de la canción desbordó todas las expectativas posibles, el álbum “Metal Helth” desbancó del número uno de las listas a “Synchronicity ” de The Police. Durante aquellos años la industria musical estaba boyante. Alrededor de los artistas existía toda una infraestructura que hoy día apenas existe. Así que dispuestos a encontrar un nuevo “Cum on feel the noize” las compañías pusieron sus ojos en la escena de clubs de Los Angeles. Donde había una gran cantera de grupos hambrientos de éxito. Se abrió el grifo del dinero y casi cualquier grupo con maquillaje, laca y pantalones ajustados, consiguió un  contrato.

El éxito de esta versión de Slade, es un ejemplo muy válido de cómo funcionaba la industria. En realidad se trataba de un trabajo colectivo en el todas las partes tenían su importancia. Los artistas  como intérpretes, los compositores como creadores de canciones, los productores como guías para plasmar un concepto musical. Sin dejar de lado al otras muchas figuras como técnicos de sonido, músicos de estudio, managers y agentes, responsables de marketing y distribución, fotógrafos, diseñadores, etc. Ya que citamos a los diseñadores, la imagen de los grupos sleaze tubo su impacto en otros ámbitos. Los fans de la escena, como ya hemos dicho, se vestían como los miembros de las bandas y los profesionales de la moda pusieron sus ojos en esas tendencias, replicando e inspirado ese tipo de ropa para todo el mundo. Michael Jackson para su cazadora del video de “Bad” se inspiró directamente en la chupa que lucía Jani Lane, cantante de Warrant.  Una octavilla del grupo llegó a manos de Jackson y tras ver dicha prenda mandó ir a buscar a su diseñador. El personal del cantante localizó a Al Bane, responsable de la creación de la prenda, le recogieron en una limusina y le llevaron a una audiencia con el cantante. Bane no sabía a quién iba a ver y se quedó de piedra al ver quien le reclamaba. Y así fue como el Rey del Pop copió una prenda de una humilde banda de glam-metal que por aquel entonces no tenía ni contrato discográfico.

Otro elemento que se alineo para que el glam-metal diera el petardazo fue la MTV. Los avances tecnológicos siempre traen grandes revoluciones. No hay más que ver Internet y cómo ha cambiado nuestra vida. «Nunca volverás a ver la música de la misma manera» fue el lema de la MTV, que salió al aire el 1 de agosto de 1981. Su primer video emitido fue “Video killed the radio star” (The Buggles), toda una declaración de principios. Sin embargo el artista que más videos emitió en esas primeras 24 horas de emisión fue Rod Stewart. La revolución en el negocio musical que supuso esta cadena musical, dedicada a emitir videoclips 24/7, fue un golpe de suerte para las bandas sleaze. ¿Quién tenía una imagen más espectacular que ellos? Nadie.

Sin duda alguna el marketing fue otro elemento catalizador importante. No nos referimos al de los grandes sellos, sino a las argucias que perjeñaban los grupos para darse a conocer. La guerra de octavillas es un claro ejemplo. Los propios grupos repartían toneladas de papel para atraer público a su concierto. Lo hacían en persona y a lo bestia. Las imprentas eran baratas y empapelaban literalmente las paredes de la ciudad. Y si te descuidabas, otro grupo ponía las tuyas encima. Esto supuso llegar a los puños más de una vez. Y de dos. Los reyes de las octavillas eran  Poison, ya que el padre de uno de ellos era propietario de una imprenta. También era importante el sitio donde se colocaban. Si las pegabas a varios metros de altura y los demás no tenían medios para subir tan alto, tus octavillas no las tocaba nadie.

Uno de los grupos que manejaron mejor el marketing fueron Poison. En la pared del cuchitril donde vivían tenían una lista con cien nombres de personas que debían llegar a conocer. Gentes influyentes dentro de la industria y que de alguna u otra forma les pudieran servir para lograr sus propósitos. Productores, agentes, ejecutivos, y si, alguna que otra modelo famosa. Al contrario que Mötley Crüe que solo se acercaban a las chicas guapas, o el cantante de Ratt, Stephen Pearcy, que solo era muy zalamero con las chicas de las que podía sacar provecho, Poison eran mucho más amables con su público femenino. Sin excepciones. Vicky Hamilton, manager y representante de bandas como los Crüe, Poison o Stryper y “descubridora” de Guns and Roses, comenta en el libro que los chicos de Poison atendían muy bien a todas las chicas. La teoría de Hamilton es que si las tratabas igual de bien a todas, las menos acostumbradas a la atención masculina (por decirlo finamente)  se convertían en acérrimas seguidoras. Estas fueron las primeras que organizaron clubs de fans y hacían un mayor proselitismo de los grupos. Una vez atraídas estas chicas, ellas a su vez estas atraían a las chicas más guapas y estas a su vez, a los chicos. Algo relacionado con el “efecto balada”. Incluir al menos una balada por disco era obligatorio. Y se regía por la misma ley de atracción. Estas canciones solían gustar más a las chicas, y si ellas iban a los conciertos, los chicos iban detrás. El truco era tener un arsenal de canciones rockeras, que te daban el prestigio de tipo duro y la balada en la recámara, para demostrar que también tenías un corazoncito romántico.

La balada de L.A. Guns, dedicada a la actriz Jayne Mansfield.

Y llegamos al tema más espinoso de tofos: el sexismo. Bajo la perspectiva actual la mayoría de fotos promocionales, textos de letras y de video clips no se podrían haber publicado. Con el paso del tiempo la mayoría de los implicados, como es lógico, lo ven todo de otra manera. En el plano estrictamente musical no estaba del todo aceptado lo de las chicas con guitarras. La idea de que no podían rockear duro estaba muy extendida. Lita Ford, a pesar de ya haber probado su valía con The Runaways, tuvo que pasar por ello. Incluso dejar de tocar la guitarra y centrarse en cantar para lograr una mayor aceptación. Vixen fue la banda femenina que más triunfó en aquellos años y tuvieron los mismos problemas. La cuestión estaba tan extendida que se producían cosas tan bizarras como  lo que señala Share Ross (bajista de Vixen): “Nos moríamos por salir de gira, pero no conseguíamos meter la cabeza en ninguna porque las novias y las esposas no nos querían allí“. Todas ellas, junto a otros grupos menos famosos, como The Smashed Gladys con la gran Sally Cato al frente, abrieron camino y poco después todo comenzó a cambiar. Desde himnos gamberros como el de Cicle Sluts From Hell del año 91,  “I wish you were a beer“, a movimientos comprometidos como el de las Riot Grrrl,   o a los grupos de la era alternativa y grunge como Babes In Toyland, L7 o The Gits. Incluso grupos de éxito masculinos como Nirvana que cambiaron radicalmente de discurso.

Si bien cara a la galería no abundaban las mujeres, puertas para adentro su papel muy diferente. En el plano personal muchas de ellas no solo les dieron apoyo moral, sino que simplemente les ayudaron a sobrevivir. Muchos músicos de la época recuerdan que sus novias o las chicas que conocían, les daban cobijo, les alimentaban y les ayudaban sobremanera. Incluso les prestaban la ropa, lo que influyó mucho en el aspecto de los grupos. A fin de cuentas la mayoría no eran más que chavales disfuncionales que no sabían cuidar de si mismos. En el plano profesional, hubo programadoras de salas, que sobre todo al principio tuvieron un papel determinante, diseñadoras, agentes y managers. De entre todas ellas destaca la ya mencionada Vicky Hamilton, responsable directa de lanzar a Guns and Roses al estrellato y que además trabajó con Faster Pussycat, Striper, Poison y Mötley Crüe. Como ella misma dice: “gran pelo, mayores egos“. En la actualidad sigue trabajando en el mundo discográfico y las bandas con las que han trabajado han llegado a vender 250 millones de copias. Ahí es nada. También ha editado un libro donde narra su peripecia vital en el mundo de la música: “Appetite for dysfunction“.

Vixen

La cantidad de grupos enmarcados dentro de este estilo es enorme, tanto que se podrían agrupar por olas. La primera ola del género incluye a bandas como W.A.S.P., Dokken, Möntley Crüe, Kix, Twiter Sister, Quiet Riott, Stryper, Ratt o Great White. Pasando por una segunda ola, con bandas como Guns and Roses, Faster Pussycat, Poison, L.A. Guns o Cindirella. Hasta acabar con una tercera hornada de bandas que manejaban de forma mimética una fórmula ya agotada totalmente. Incluyendo a Skid Row, Nelson, Pretty Boy Floyd o Tuff.

Echando una vistazo a todos estos grupos lo cierto es que hay más originalidad y riqueza musical de lo esperado a primera vista. Las melodías pop de Poison, el toque bluesero de Cindirella o la agresividad de W.A.S.P. atestiguan estas diferencias. Pero ocurrió lo esperado. Los grupos comenzaron a imitar una fórmula y al final no es que sonaran iguales, sino que era imposible distinguir a una banda de otra. Incluso en foto. Eran todas idénticas. Quizá lo últimos en llegar al éxito con una personalidad propia fueron Skid Rod. Su cantante Sebastian Bach derrochaba carácter, tanto, que la primera noche en unirse al grupo acabó a puñetazos ¡hasta en tres ocasiones! Sin duda, una primera noche para el recuerdo. También hemos de decir que algunas de estas banda miméticas eran realmente buenas. Pretty Boy Floyd reunían todos los clichés del género, pero sus discos son realmente disfrutables, llenos de buenas canciones.

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Skid Row y su temperamental vocalista.

Como era de esperar el sueño no duró mucho. Los grupos vendían millones de copias, giraban viajando en jet privados y estaban en las portadas de todos los medios. Pero el alcohol y las drogas empezaron a pasar factura. Comportamientos autodestructivos, malas relaciones personales, agotamiento físico ante giras extenuantes (Estados Unidos en un país muy grande y era fácil encadenar conciertos durante ocho o nueve meses seguidos),  pésimas decisiones comerciales. Y las disqueras no lo ponían fácil, querían exprimir la gallina de los huevos de oro y exigían material nuevo constantemente. O en su defecto, nueva carne para la máquina de triturar artistas. Fue tal la saturación de grupos miméticos que resultaron casi una parodia de si mismos. Era obvio que el ciclo llegaba a su fin. El mundo del espectáculo se rige por modas. Las que llegan a cuajar y tener éxito duran cuatro o cinco años. Entonces la rueda vuelve a girar y algo nuevo ocupa su lugar.

Elnel frío Seattle desde hacía tiempo se estaba fraguando algo en las antípodas del glam-metal. Un rock crudo con riffs y melodías asfixiantes, de corte cuasi existencial. Nada que ver con hablar de sexo ocasional y borracheras. Lo terminaron por llamar grunge y solo faltaba un éxito comercial para que saltara de las catacumbas al gran público. El éxito de Nirvana cayó como una bomba atómica. No dejó nada a su paso. En unos meses múltiples bandas pasaron del éxito masivo a la nada.  Y muchos de ellos prácticamente a la indigencia.

Grunge killed de glam-rock star,  

La travesía por el desierto fue dura. Si algo había marcado la personalidad de estos grupos era la determinación por triunfar. Muchas bandas desaparecieron pero otras siguieron el la brecha. Tocando en circuitos para nostálgicos, en cruceros para turistas maduritos y volvieron a buscar trabajos ordinarios para compatibilizarlos con su carrera musical. Otras bandas que no desaparecieron totalmente se fragmentaron y con la excusa de mantener la marca del nombre, lo único que podían explotar comercialmente hablando, generaron situaciones muy peculiares. Como varias formaciones diferentes de un grupo girando a la vez bajo el mismo nombre. O grupos en los que solo quedaban uno o dos músicos originales. Incluso se produjeron tragedias como el incendio en Rodhe Island de una sala donde tocaba Great White, donde fallecieron cien personas y otras doscientas sufrieron heridas graves.

Mientras los músicos de glam-metal penaban, se desintoxicaban y reorientaban su carrera casi como vulgares  amateurs, el grunge también pasó de moda y poco a poco todo fue cambiando. Curiosamente los aficionados al rock se fueron cansando del grunge, del metal extremo, del rock industrial, del rollo alternativo y comenzó un lenta e imperceptible revalorización del estilo. Grupos insignes del movimiento como Mötley Crüe o Guns and Roses se convirtieron en rock clásico y músicos más jóvenes, reivindicaban estas y otras formaciones. La nostalgia por los años 80 lleva un tiempo muy en boga y al fin, ser fan del glam-metal no es motivo de risa.

L.A. Guns editaron disco en 2021 con su formación original y un poco antes, en 2017 Jetboy y Pretty Boy Floyd regresaron también a la actualidad, grabando discos más que apreciables. Parece ser, que pese a todo el sleaze nunca se fue. Las ganas de divertirse y pegar guitarrazos no pueden pasar de moda,

El regreso de Jetboy,

Como complemento musical a este artículo, en nuestro Podcast nº10, hay un breve repaso por algunas de estas bandas. En su defecto también se puede escuchar aquí íntegramente:

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