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“Four” Circus of Power (2017). Rock macerado en barrica de roble.

Jesus Vila 9 months ago
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Circus of Power sacaron su primer disco en 1988, y el tercer y último -sin contar un Ep en el 89-, en  1993. Eso hace la friolera de 24 años sin publicar. Y lo primero que  hay que decir, es que estamos ante un gran álbum; esto es lo contrario a una de esas reuniones de compromiso, en la que nada es lo que era antes, y el grupo ofrece una sombra nostálgica de si mismo; (de hecho, ni siquiera es una reunión, dado que el único miembro original es el vocalista y líder Alex Mitchell); sin embargo, lo que importa es que esta banda ha grabado, sorprendentemente, una obra que no sólo es relevante, sino que aspira perfectamente a ser el mejor disco del 2017.

Lo primero que nos  sorprende es la evolución estilística de la banda. Aquí no estamos ante el hard rock sucio y callejero de su primer LP (“Circus of power“, 1988), ni ante aquel rock duro más oscuro, elaborado y de producción limpia, que facturaron en  “Magic and Madness” (1993), y que los acercaba a unos The Cult, o incluso a los más metalizados Badlands. No, Circus of Power han optado por un estilo más clásico, un rock con una robustez añeja que parece simbolizado por el caballo de potente musculatura que ilumina la portada; la segunda cosa que llama poderosamente la atención es la enorme solidez y compenetración que desprende el grupo; no parece un disco hecho por tipos que llevan 24 años sin publicar, sino una obra perfeccionada por una banda de larga trayectoria discográfica, que finalmente encuentra su esencia y su equilibrio con éste álbum. Una impresión que se ve realzada por la soberbia producción; cada instrumento tiene su espacio, el bajo tiene una presencia fundamental en todo el álbum, y los teclados se complementan como un todo a lo largo de los 14 cortes. El disco transmite una sensación reposada, de una música elaborada sin prisas, sin presiones y para disfrute de los músicos.

Al mismo tiempo, se trata de un disco enormemente versátil; uno cree percibir a lo largo del disco, todo tipo de influencias de rock clásico, desde los Beatles y los Stones hasta Deep Purple o AC/DC, pero inteligentemente destiladas, de manera que nunca resultan obvias ni sobadas; al contrario, el disco desprende una continua sensación de frescura y naturalidad. “Hard drivin’ sister” recuerda al sonido hard rockero de su primer disco, aunque bajo un tratamiento más clásico y contenido; “Princess of Mars” crea una ambientación deliciosa, con una melodia ligeramente psicodélica adornada con un teclado y unos coros que se deshacen lentamente en los oídos. Mientras, “Half a dozen roses” es el tema dónde los Stones de corte más country, los de “Sticky Fingers” o “Exile on main street” despliegan más claramente su influencia; el tema, con una melodía pegadiza y vacilona, nos puede recordar fácilmente a un “Dead flowers“. Otro tema netamente rockero, “American Monster“, nos conduce a dos cortes, “See the sun” y “Flying to L.A“., dónde la huella psicodélica se hace más presente. “See the sun” es un tema más denso, con un largo e hipnótico desarrollo instrumental, que nos puede recordar un poco al sonido de aquel “Magic and madness” del 93, mientras que el maravilloso “Flying to L.A“, se antoja más etéreo, con una melodía brillante que puede recordar a unos Beatles, y por la que sin duda matarían unos Cheap Trick. “Hot Rod girls“, nos devuelve a un boogie rock de medio tiempo y vacilón, que podrían haber concebido sin problemas grupos actuales como Eagles of death metal, pero manteniendo siempre ese poso de banda sólida y con raíces.

Cuando uno llega finalmente a “The tea song“, con ese bajo rítmico e hipnótico, esas guitarras con delay y esa voz narrativa que introduce una melodía absolutamente deliciosa, es cuando se da cuenta de que estamos ante un grandísimo disco, con calificación de nueve para arriba. Por último, el aroma Stoner de la melodia y las guitarras psicodélicas de “Blood at standing rock“, nos hace imaginar, que, con un punto más de saturación en las guitarras, no desentonaría en absoluto en el “Welcome to sky valleyde Kyuss -y juro haber escrito esto antes de averiguar que el batería no es otro que Brant Bjork (Kyuss, Fu Manchu)-.

En definitiva, Circus of Power han facturado un disco enorme, y teniendo en cuenta que de un regreso de este tipo, uno se espera un Lp digno sin más, que cuando menos traiga a la memoria las glorias del pasado, debo decir que ha sido emocionante encontrarse con esta sorpresa, un álbum cargado de versatilidad, talento, inspiración y amor por la música real, que, si la vida es justa, debería colocar a sus autores justo en el centro de la actualidad musical.

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