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“El amante de Lady Frankenstein” Hernán Migoya y Patricia Breccia (2021)

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Poco tiempo atrás surgió la fugaz, como todas, moda del mashup. Esto es, fusionar dos canciones que estando a primera vista en un espectro musical muy diferente, al superponerlas una sobre otra cuadran a la perfección surgiendo una nueva y sorprendente canción. Partiendo de un concepto similar, Hernán Migoya entreteje elementos de “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818) de Mary Shelley y “El amante de Lady Chatterley” (1928) de D. H. Lawrence, dando como resultado una refrescante y personal obra. Tenemos al científico excéntrico, a la bella doncella y al robusto y taciturno guarda en un triángulo de amor bastante peculiar. Y sí, también al monstruo, pero no desvelaremos más datos de la trama.

Narrada de forma clásica en tres actos y con un riguroso blanco y negro, obra de Patricia Breccia, “El amante de Lady Frankenstein” nos presenta una historia victoriana pero salvaje, con elementos de terror, gore y un erotismo a flor de piel que por momentos roza la pornografía. Tanto el trabajo de Migoya como el de Breccia nos recuerdan porqué estos personajes y sus historias impactaron tanto en su tiempo y se convirtieron en arquetipos clásicos. Un álbum irreverente que consigue sintetizar, no sin ironía y humor, todas las cuestiones que plantean sus dos padres literarios. Desde la liberación sexual al deseo, desde las ataduras morales hasta la lucha de clases, desde la moral científica hasta el hombre frente a Dios. Todo ello junto a la amputación de algunos miembros y libidinosos encuentros sexuales.

El dibujo de Breccia es de trazo grueso, expresivo y crudo. Ideal para plasmar en imágenes lo que transmite el “El amante de Lady Frankenstein”. Un estilo preciosista y pulido, tan en boga en muchos ámbitos del cómic actual, no hubiera funcionado en esta obra. Si a todo esto, le añades una gran narración visual, tienes todos los ingredientes para disfrutar de un delicioso rato de lectura. Y es que obras tan honestas como esta las necesitamos más que nunca, en mitad de esta asfixiante corrección política en la que estamos sumergidos.

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