Wesley Willis, Los Demonios del Rock’n’Roll – No Fun Magazine

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Published on julio 26th, 2017 | by M.A.V.

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Wesley Willis, Los Demonios del Rock’n’Roll

Dios me dio esta carrera en el rock para mantenerme ocupado. En 1991 solía golpear a la gente mayor con sillas plegables. Entonces me trasladé a la parte norte de Chicago, Illinois en 1992.  Al fin me hice una estrella del rock. ¡Soy el Papá el Rock’n’Roll! Soy Wesley Willis, tengo treinta y seis años de edad. Toco música y hago arte. Tengo esquizofrenia. Tengo esquizofrenia crónica. Roger Lee Carpenter me pidió seiscientos dólares. Me dijo que si no le daba los seiscientos dólares me iba a volar los sesos. Fue entonces cuando comencé a escuchar los demonios. Tengo tres demonios: Nervewrecker, Heartbreaker y Meansucker… y yo grito, me hacen gritar a la gente en los autobuses”.
Wesley Willis
 
La existencia de Wesley Willis (1963-2003) llegó a oídos de muchos de nosotros por enorme alcance que tuvo su canción “Rock’n’Roll McDonadls” en Internet. Todo un éxito entre los amantes de lo bizarro y la cultura basura. Lo que muy pocos imaginábamos es que detrás de semejante tema no se encontraba un energúmeno o un hortera con ganas de dar la nota, sino un tipo con una historia realmente interesante a sus espaldas. Hay quien lo llama el Daniel Johnstone negro, por los muchos paralelismos de su vida. Ambos con una enfermedad mental crónica y severa, dedicados a su obsesión por la música y la pintura y que consiguieron ser un fenómeno cultural subterráneo. Viéndose apoyados por prestigiosos artistas.
 
Wesley nació en Chicago y no tuvo una vida fácil. En 1989 tras una crisis sufrida cuando el novio de su madre, un reconocido maltratador, le encañonó con una pistola en una pelea, Willis comenzó a oír voces en su cabeza, a sus demonios cómo él los llamaba. También llegó a padecer una obesidad mórbida y terminó vagabundeando por las calles de su ciudad natal. Así empezó a dibujar compulsivamente la línea de autobuses, las carreteras y el skyline de Chicago, sus  temas principales. Poco a poco se fue dando a conocer como uno de los personajes más carismáticos de la ciudad. A pesar de sus problemas Willis era un tipo al que no le costaba hacer amigos y subsistía gracias a su ayuda y lo que sacaba con su arte. Poco después, en 1992 comenzó a escribir canciones y conoció al guitarrista Dale Meiners, con quien empezó a colaborar musicalmente. Tras varios intentos de formar una banda encuentran a los músicos apropiados y así nace Wesley Willis Fiasco, con Wesley a las voces. Fiasco editaron un disco donde se dan forma a las composiciones de su peculiar líder. Títulos tan contundentes como “Drink that whiskey”, “Pop that pussy”, “Blood, guts and fire trucks” o “Casper the homosexual friendly ghost” nos dan una idea de por donde van los tiros de las canciones. Musicalmente suenan cómo ese rock inclasificable y mestizo de los primeros años 90. Una mezcla de punk, metal, funk y otros estilos. Wesley no es un cantante en sentido estricto, pero le pone pasión y su singular dicción le da un estilo propio. Otra de las singularidades es la manera que tienen de homenajear a sus ídolos musicales, ya que el avispado oyente puede encontrar en las canciones pasajes musicales de Hendrix, Van Halen o Rush. Mal gusto no tenían, no.
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Sin embargo, Wesley comienza su carrera en solitario. Fructífera como pocas, ya que llegó a escribir más de mil canciones y editar alrededor de cincuenta discos. Sus actuaciones las encaraba con ayuda de su teclado Technics KN 2000 y un único ritmo pregrabado sobre el que cantaba sus composiciones. Al poco ya es toda una institución en la escena musical local y es telonero de grupos como Foo Fighters, Urge Overkill o The Frogs. Experiencias que plasmaría en canciones con igual título que los nombres de esas bandas. Ya en el disco de Fiasco incluyó “Steve Albini” por el productor. Con el paso del tiempo Willis dedicaría canciones a un sinfín de famosos, tales como Elvis, Arnold Schwarzenegger, Alanis Morrisette, Johnny Deep, Al Capone, Bon Jovi, etc. Sus letras, como las de todos los grandes artistas, se basaban en sus experiencias cotidianas, así que encontramos títulos dedicados a la línea de autobuses, la comida rápida, personales de comic como Spiderman, Batman o Casper y por su puesto, la esquizofrenia que padecía. Si atendemos a sus palabras “Mis grupos favoritos son de Ted Nugent, Aerosmith, The Clash, Joe Strummer”, vemos que a Wilis le gustaba el rock y se sentía identificado con él. Pero estas influencias no son tan obvias en su música. De hecho, la mayoría de sus canciones están cortadas por un mismo patrón: un ritmo pregrabado, una estrofa más rapeada que cantada y un estribillo repetitivo.
 
Wesley sigue viviendo en la calle y casi sin darse cuenta ya es una celebridad local. Sus actuaciones tienen cada vez más relevancia y ahí es donde entra el antiguo líder de Dead Kenedys. Efectivamente Jello Biafra (al que Willis por supuesto le dedica una canción) lo ficha para su sello Alternative Tentacles en 1995, donde ese mismo año editaría el álbum “Wesley Willis”. En 1996 se edita también el disco de Fiasco Spookydisharmoniousconflicthellride” en Fuse Records y Wesley acabaría formando parte también de la escudería American Recordings, uno de los sellos más en boga de la época. Pero las características de un artista como Willis hacían imposible que una casa discográfica se dedicara exhaustivamente a su carrera. En un mes era capaz de grabar cinco discos, a una media de cinco horas en el estudio de grabación por cada uno. Con semejante volumen, Wesley es carne de auto edición, sin embargo en 1999 Alternative Tentacles y otros sellos sacan a la luz algún trabajo más.
 
 
El apoyo de Biafra y que bandas como Pearl Jam hablen de él a los medios, le dan una cobertura mediática que le convierten en un fenómeno de la subcultura. Wesley gira sin parar, ya no vive en la calle y de hecho gana un buen dinero con sus actuaciones y vendiendo sus pinturas. En sus conciertos Wesley consigue una unión total con su público, la cual celebra con un ritual especial con sus fans. Con las manos sujetando la cabeza del fan, lo mira fijamente y exclama “¡Di rock!”, “¡Di raw!” mientras intercala cabezazos con sus contestaciones. Su incipiente fama le hace aparecer en uno de los programas de radio más famosos de Estados Unidos, el de Howard Stern. La entrevista se localizaba fácilmente en La Red hace pocos años y apena comprobar cómo trataron tanto Stern como sus colaboradores, al entrañable Willis.
 
Hacer música es la mejor manera que conoce Willis de mantener sus demonios controlados. Algunos de sus amigos de la época, como Dale Meiners de Fiasco, afirmaban que nunca estuvo medicado adecuadamente. Ya sea por exceso o por defecto. Cuando ambos se conocieron Wesley acudía con regularidad a sus revisiones y controles médicos, pero con la llegada de las aventuras y los buenos tiempos, Willis iría espaciando cada vez más sus visitas. Hasta abandonarlas completamente. Wesley tocaba música, hacía arte y mantenía alejados a sus fantasmas. Todos los que tuvieron la oportunidad de tratar con él, afirmaban que Willis empatizaba instantáneamente con cualquier persona. Su calidez y ausencia de pretensiones, hacían que sus interlocutores se abrieran automáticamente y disfrutaran al máximo de su compañía. Era una de esas personas que sembraba sonrisas y buenas vibraciones a su paso.
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Que una persona con su problemática pudiera vivir una existencia casi normal y no acabase encerrado en una institución médica, era digno de admirar. Wesley a pesar de todo era autosuficiente y sus amigos sólo le tenían que recordar pequeñas cosas, tales como lavarse los dientes o ducharse. Pero él era quien dirigía su destino. Además del arte y la música, Wesley contaba con otra poderosa herramienta: su sociabilidad. Era totalmente franco y honesto con su problema y el estar rodeado de gente amigable, le ayudaba a espantar a sus demonios. Si una de esas voces le acosaba diciendo que hiciera algo malo, él lo comentaba con los que estaban a su alrededor y así se calmaba y los ahuyentaba.
 
Lamentablemente los problemas de salud de Willis no se limitaban a los mentales. En 2001 le diagnosticaron una leucemia cuyos problemas devinieron en su fallecimiento en 2003.
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Además de sus canciones y de su arte, para la posteridad tenemos dos recomendables documentales sobre su figura. “Rock’n’roll dad” (2003) de Daniel Bitton y “Wesley Willi’s Joy Rides” (2008) de Chris Bagley. En ambos vemos a Wesley en su vida cotidiana, en sus actuaciones y se incluyen un montón de entrevistas con personas de su entorno diario y del negocio de la música.
 
Wesley… YOU ROCK, YOU RAW!
 
 

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