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“A kind of blue” Miles Davis (1959)

M.A.V. 10 meses ago
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A estas alturas de partido abordar un comentario sobre “Kind of blue” es meterse en un charco de los buenos. Es posiblemente el disco más influyente de la historia del jazz,  es el más vendido y la puerta de entrada a dicho género para un sinfín de oyentes y músicos. Es un álbum icónico con una mística especial, que aparece constantemente en revistas, películas y libros y que parece gustar a todo el mundo que lo escucha. Sea un gran aficionado al jazz o un neófito. La música contenida en él se estudia en las escuelas y conservatorios, es versioneada por un enorme número de artistas, muchos de ellos muy alejados del jazz y sobre el que se han escrito ríos de tinta, analizando todos los pormenores entorno suyo.

En 1959 Davis era un joven veterano. Tras sus inicios como bopper junto a su gran ídolo Charlie Parker y Dizzy Gillespie, desarrolló su propio estilo a la trompeta, más reflexivo y centrado en el sonido y la intensidad: el “cool”, y comenzó una fructífera colaboración con el arreglista y compositor Gil Evans. Después grabar con un noneto “The birth of the Cool”, con un grupo pequeño “Milestones” y el álbum orquestal “Porgy and Bless”, Miles Davis ya estaba en el olimpo del jazz.  Tres obras de semejante calibre no están a la altura de casi nadie. Pero nuestro trompetista ya tenía puestas sus vistas musicales en otro campo. Durante toda su carrera Miles se caracterizó por una indagación y un cambio constantes, abriendo nuevas sendas que los demás seguirían mientras que él ya estaba en otra cosa. Después de grabar con una gran orquesta, Miles puso su interés en crear música con menos instrumentos y con otro enfoque teórico.

“Todas las noches tocamos música novedosa y emocionante” 

Cannonball Adderley

Davis buscó siempre músicos talentosos y jóvenes, que se pudieran acoplar a sus novedosas ideas y que a su vez no tuvieran complejos en dejar correr su creatividad. Además, como líder de banda siempre supo motivar a sus músicos. Unas veces con broncas, otras desconcertándolos y otras con frases propias de un maestro zen: “toca como si no supieras tocar”, “no termines tus frases”. Su olfato para detectar nuevos valores y el crecimiento musical que obtenían a su lado, hizo que en el quinteto de “A kind of blue” tres de sus músicos fueran líderes de su propio grupo: John Coltrane,  Cannonball Adderley y Bill Evans. Tocar con Davis suponía tener el mejor sueldo de la escena del jazz, elevar tu prestigio como instrumentista y con esto, constantes ofertas de trabajo y la oportunidad de echar a volar y hacer su propia música. Adderdely comentaba así porque los músicos se quedaban con Miles pese a tener sus propios conjuntos: “En el jazz no hay sitio para el estancamiento. Estoy seguro de una cosa: uno no puede repetirse noche tras noche si tocas con Miles Davis. Miles y Coltrane crean todo el tiempo y el desafío es tremendo […]. El grupo de Miles es lo que debería ser. Es un laboratorio. Todas las noches tocamos música novedosa y emocionante. He aprendido muchísimo a su lado”.

El quinteto se formaba por Miles (trompeta), John Coltrane (saxo tenor), Cannonball Adderley (saxo alto), Bill Evans (piano), Paul Chambers(contrabajo) y Jimmy Cobb (batería). Pero en una de las sesiones Davistambién avisó al pianista Wynton Kelly, lo que provocó una situación un tanto tensa cuando se juntaron los dos pianistas en el estudio. Nadie sabía nada pero Miles le dijo a Wynton que también tocaría. Finalmente lo hizo en “Freddie Freeloader“.

John Coltrane (1926 – 1967), Cannonball Adderley (1928 – 1975), Miles Davis (1926 – 1991), y Bill Evans (1929 – 1980), 26 de Mayo de 1958, Nueva York. Foto: Frank Driggs.

Miles estaba muy interesado en basar sus melodías en una o dos escalas en lugar de una sucesión de acordes. Dando lugar a lo que se llamaría “jazz modal”. El músico y teórico George Russell a lo largo de varios años de amistad e intercambio de conocimientos, ayudó a Miles a asentar y desarrollar estos conceptos. Davis lo explicaba así: “Los acordes, después de todo, se relacionan con escalas y ciertos acordes producen ciertas escalas  […]. Cuando trabajas así no tienes que preocuparte de las progresiones (de acordes) y puedes sacar más partido de la figura (melódica)”. En la práctica esto supone que los músicos se encuentran más libres a la hora de improvisar y tienen más espacio para crear sus propias líneas melódicas. Algo esencial en la interpretación de “A kind of blue”.

Lo que se escucha en el álbum es la primera interpretación completa de cada pieza. “Kind of Blue” es significativo desde este punto de vista, de que no hay tomas completas que no se hayan usado. Creo que eso es lo que le da esa frescura. La atmósfera de una primera toma, si suena lo más correcta posible, normalmente es la mejor. Si no te quedas con la primera, generalmente tienes un bajón emocional, y entonces es realmente un proceso profesional trabajoso, de volver a ponerte en disposición” (Bill Evans).

Uno de los métodos de trabajo por los que se hizo famoso Davis fue por el de abordar las grabaciones con un mínimo material preestablecido. Cuando los músicos se acercaron edifico de Columbia de la calle 30, una antigua iglesia reconvertida en estudio de grabación, cuyas paredes poseían un espléndido y cálido sonido, no sabían qué demonios iban a grabar. Las sesiones se hicieron el 2 de Marzo y el 22 de Abril de 1959 con una duración total de nueve horas. La única guía con la que contaron los músicos fue unos cuantos acordes escritos por Miles la noche anterior. Sin estructuras, sin motivos bien definidos, apenas unos bocetos. Miles explicaba por encima lo que quería, ensayaban un poco y a grabar. La primera toma de casi todas las canciones es la que ha pasado a la posteridad. Pero esta espontaneidad no era fruto de improvisar a lo loco. Davis estuvo gestando las ideas para este álbum al menos durante diez meses y aunque daba mucha libertad a sus músicos, sabía muy bien a donde quería llegar. Podríamos decir que estas canciones son fruto de un proceso de interiorización de Miles que se cristalizó de la manera más espontánea posible.

Con el motivo de escribir el libro “Miles Davis y Kind of Blue. La creación de una obra maestra”, Ashley Kahn tuvo acceso los masters de la grabación del álbum y comenta lo bromista que se le oye a Miles en el estudio y el increíble buen humor de Cannonball. En muchas ocasiones Miles sostenía que no le gustaba complicar las piezas, porque así los músicos se sentían más relajados y daban lo mejor de sí mismos. En busca de esta relajación en muchas ocasiones les grababa sin que lo supieran. El buen humor ayudaría también a rebajar el nerviosismo de la grabación y a que la música fluyera con mayor facilidad.

A kind of blue” son cuarenta minutos de música en cinco canciones. Tres de ellas medios tiempos y dos baladas. El título surgió cuando le preguntaron al trompetista cómo sonaba su última grabación y este contestó: “así… como triste”. Lo cierto es que resume perfectamente el ambiente general del disco: pausado, melancólico y de efecto narcotizante. Rebosa sensibilidad y belleza sin caer en la sensiblería. Los títulos de las canciones de Davis son solo para identificarlas y raramente describen lo que hay en su interior, así que suele usar palabras y frases que utiliza él y su entorno. “So what” era una de las expresiones que  más utilizaba en esa época, sobre todo cuando algún admirador se le acercaba a contarle lo mucho que le gustaba su música. Por otra parte  “Freedie Freeloader” era el sobrenombre de un ex barman de Filadelfia, aficionado al jazz y muy conocido entre los músicos por la cantidad de favores que les hacía. Es decir, que siempre les invitaba a copas.

La polémica del álbum ronda entorno a la autoría real de las canciones. En aquellos tiempos los derechos de autor estaban en pañales y esas cuestiones se tomaban mucho menos en serio. Normalmente, si el tema era nuevo y no una versión reconocida, se acreditaba la autoría al líder de la banda o se compartía con alguno de los músicos. Era una especie de regla no escrita. En el caso que nos ocupa, años después del lanzamiento de a “Kind Of Blue”, el pianista Bill Evans reclamó al autoría de “Blue in Green” y la co-autoría de algunos más. Versión apoyada por el batería Jimmy Cobb. Evans recuerda: “Un día, en el apartamento de Miles, él escribió en un papel los símbolos de sol menor y la aumentado, y me preguntó: “¿Qué harías con esto?”. En aquel momento no lo sabía, pero luego volví a mi casa y compuse “Blue in Green”.

Los lectores más avispados se habrán dado cuenta que tras casi mil quinientas palabras dedicadas a “Kind of blue” apenas hemos hablado de la música que atesora. Me temo que no profundizaremos en el inmortal riff de bajo de Paul Chambers en “So what”, ni de la intensidad de la respuesta de los metales, ni del maravilloso solo de piano de Wynton Kelly en “Freedie Freeloader”, ni del prodigioso toque a las baquetas de Jimmy Coob en “All blues”, ni de los maravillosos acordes de Bill Evans y del no menos maravilloso timbre de su piano. Ni por supuesto, de los increíbles y apasionados solos de Miles, Trane y Cannonball. Eso hay que escucharlo. Y si es en vinilo y con sonido mono, mucho mejor.

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