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Clásicos Discos

“Live at the Harlem Square Club” Sam Cooke (1963). 55 años de la obra magna del soul en vivo.

M.A.V. 4 semanas ago
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“Right now, ladies and gentlemen, we’d like to get ready to introduce the star of our show, the young man you’ve all been waiting for, Mister Soul, so what d’you say let’s all get together and welcome him to the stand with a great big hand,  how ’bout it for Sam Cooke!”.

Hace 55 Años, el 12 de Enero de 1963,  Sam Cooke entró en el Harlem Square Club de Miami e hizo historia de la música. Grabando uno de los directos más arrebatadores que se han registrado nunca. Aquella lejana noche todo funcionó a la perfección. Una estrella del soul en su cúspide creativa, una banda engrasada y potente con algunos de los mejores músicos de su generación, un público entregado hasta el paroxismo y un garito de música negra ideal para la liturgia que allí aconteció.

La carrera de Sam Cooke comenzó en los años 50 y a comienzos de los años 60 ya era una estrella. Sus canciones copaban las listas de éxitos y era una celebridad aceptada y admirada por el gran público, tanto blanco como negro. Pero el cantante parecía jugar al despiste. Sus producciones de estudio, excelsas por otra parte, parecían sonar más acarameladas y pomposas. Más cercanas al sonido de un crooner clásico que al de una sudorosa banda de soul. Sin embargo, en directo Cooke sonaba radicalmente diferente, en una faceta bastante desconocida para su público. Sus actuaciones eran viscerales, llenas de fuerza, con una potencia descomunal. Y algo parecido ocurría con su éxito, ya que tenía una imagen pública muy limpia y pulcra. Pero el cantante podía ser cualquier cosa menos un Tio Tom manipulado por el dinero de una industria eminentemente blanca. Cooke era un hombre comprometido con los temas sociales de su época, principalmente contra el racismo,  y en otro ámbito, podía llegar a ser un gran provocador. Como por ejemplo cuando en 1964 en pleno Times Square de Nueva York, colocaron un inmenso cartel de Cooke para publicitar sus conciertos, en el que se podía leer “Sam’s, the biggest Cooke in town“. En el que es muy fácil ver un juego de palabras con su apellido y la palabra “cock” (polla).

Cuando se estaba divirtiendo lo podía hacer, podía llevar a las mujeres al frenesí. Era casi como un acto sexual, como si las estuviera tocando para que alcancen un orgasmo”. W. Alexander, amigo y colaborador de Cooke.

Sam conocía perfectamente a sus paisanos y sabía que en un garito como el Harlem Square no valen las medias tintas. El cantante y su banda acababan de terminar una gira de un mes y la empalmaron con otra más, lo que explica el fenomenal estado de forma y la gran compenetración del cantante y su banda. Esa noche se hicieron dos pases. Uno por la tarde, destinado a un público adolescente y que sirvió como prueba de sonido para la grabación. El segundo se hizo por la noche, con un público adulto que abarrotaba la sala. El aforo de 750 personas se excedió con creces, lo que ayudó caldear el ambiente y aumentar la sensación de caos en el local, tan importe en el resultado final de la grabación. Se colocaron ocho micros para captar lo que ocurría en el escenario y al comenzar el show los técnicos no pudieron acceder a través del gentío al escenario a recolocar o mejorar su posición. Se captó lo que se pudo.

Cooke ofrece una actuación cruda y desgarradora y la comunión entre artista y público es absoluta. No solo se les escucha gritar y cantar, sino que se percibe toda la excitación, el sudor y el baile en la sala. El rugir del respetable, sus exhortaciones y ovaciones, sus aplausos, son un elemento más de  “Live at the Harlem Square Club”. No solo es que los asistentes al concierto estén rendidos ante el poder de Sam y su banda, sino que estos a su vez se retroalimentan de la energía que reciben para ir un poco más allá. La grabación no llega a los cuarenta minutos de duración, pero la intensidad es tal que es inevitable que al oyente se le ponga la carne de gallina en más de una ocasión.

 

La voz y la interpretación de Cooke es sencillamente perfecta. Se le escucha relajado y con una actitud de pleno control sobre las tablas, cantando con expresividad y emoción. Los músicos suenan como un cañón. La banda está compuesta por una mezcla de colaboradores habituales de Sam Cooke y varios músicos más provenientes del combo de King Curtis, uno de los mejores saxofonistas de todos los tiempos. La sección rítmica de Albert “June” Gardner (batería) y Jimmy Lewis (bajo), controlan con swing y potencia al desbocado tren de mercancías que son sus compañeros. La sección de viento es capaz de levantar a un muerto y las guitarras de Cornell Dupree (menudo curriculum el suyo) y Clifton White y el piano de George Stubbs, llevan en volandas a la voz de Cooke. Sin grandes alardes ni virtusiosismos, solo emoción pura.

Los treinta y ocho minutos con cuarenta y tres segundos pasan en un suspiro. Las canciones se encadenan unas con otras, ya sea directamente o mediante puentes instrumentales o algún popurrí. La actuación es un constante in crescendo en la que la pasión expresada por Cooke reina por todo lo alto.

“Live at the Harlem Square Club”, no fue editado hasta 1985 y cambió radicalmente el concepto y percepción del Sam Cooke artista, ya que no se había publicado ningún trabajo que mostrase esta faceta del cantante. Existen otras dos reediciones de 2000 y 2005 en las que pulen un poco el sonido original. Pero en fin, como dijo el propio Sam aquella noche: “Don’t fight it, just feell it!”.

 

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