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Conciertos Crónicas

Charlie Musselwhite, la trascendencia del blues.

M.A.V. 10 meses ago
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Sala Clamores, Madrid. 18/03/2017.

Estar frente a la armónica de Charlie Musselwhite es estar ante la historia del blues y del rock’n’roll. Su vida misma parece salir directamente de un viejo blues o incluso de una novela. Por ello y para situarnos convenientemente ante una figura de su talla musical, nunca vienen mal unas pinceladas previas.

Charlie Musselwhite nació en Kosciusko, Mississippi. Hijo único de una madre soltera de ascendencia cherokee. Poco más tarde se trasladó a Memphis, Tennesse, donde nació su afición a la música. Allí siendo adolescente, a pesar de codearse con gentes como Johnny Cash o Johnny Burnette o asistir a fiestas organizadas por Elvis Presley, Musselwhite buscaba la compañía de los bluesmen de la ciudad: Furry Lewis, Will Shade o Gus Cannon. Posteriormente se muda a Chicago y allí conoció, trabó amistad y/o toco con casi todas las grandes figuras del blues: John Lee Hooker, Little Walter, Big Walter, Sonny Boy Williamson, Big Joe Williams, Muddy Waters o Howlin’ Wolf. Imposible encontrar mejor entorno para desarrollar su música.

Pero además de estar en el sitio indicado para ampliar sus habilidades, también mostró sobradamente su talento. Tanto componiendo cómo con su instrumento, con el cual desarrolló una técnica impecable y muy personal. Su juego con los tonos y las posiciones de la armónica o su manejo de los sonidos agudos, son algunas de sus señas de identidad. Su carrera discográfica se inició en 1967 y su última obra “I ain’t liying” data de 2015. Durante estos 50 años de carrera su armónica también ha colaborado con gentes tan dispares como Tom Waits, Ben Harper, INXS, Eddie Veder, Eliades Ochoa, o Cindy Lauper.

Como vemos, Musselwhite aprendió de la mano de los mejores músicos de blues de la historia y ese legado es el que transmite hasta el día de hoy, tal y como pudimos comprobar el pasado 18 de Marzo. El mismo bromea diciendo que lleva toda su vida tocando la misma canción, unas veces más rápido y otras más lento, pero siempre la misma.

Una maleta metálica repleta de armónicas y una banda joven y engrasada es todo que necesita Musselwhite para hacer un recorrido por lo mejor del blues de Chicago durante aproximadamente hora y media. El cantante y armoniquista de 73 años sale al escenario con los ojos entrecerrados y una sonrisa de complicidad. Expresión que apenas variará en toda la velada. Sus movimientos son relajados, precisos. Se le adivina de buen humor, disfrutando del viaje. Entre canción y canción introduce el tema con una breve pincelada o una vieja historia. Cada una ellas tienen el mismo barniz de sabiduría que su armónica.  Algunas son más enigmáticas (“Esta es una canción popular que nos hemos inventado esta tarde”) y otras muestran su forma de ver la música. Como cuando explica que alguna gente le dice que el blues es una música triste, y él contesta que para nada lo es: el blues te ayuda a divertirte cuando estás alegre y te reconforta cuando estás triste.

Foto: Marco Monné.

El concierto arranca con el ritmo boogie de “300 Miles to Go”. Musselwhite toca la armónica con precisión y transmitiendo una sensación de facilidad, cómo si no le costase esfuerzo ninguno. Vocalmente también está en plena forma. Sería injusto no mencionar el buen hacer de la banda formada por Matt Stubbs (guitarra) que ya lleva unos cuantos años con el maestro, June Core (batería) y Randy Bermudes (bajo). El propio Musselwhite dice que es la mejor que ha tenido nunca. Quizá sean exageraciones, pero el combo suena a la perfección, se nota que llevan unos cuantos conciertos juntos a la espalda y cuando Stubbs se arranca como solista,  hace un gran trabajo. Suenan canciones propias y versiones, cómo es habitual en el estilo: “Gone to long”, “River Hip mama” o “Stranger in a strange land”. Dedica “Ready For The Times to Get Better” al recientemente  fallecido James Cotton y también hay hueco para “I’m going home” de Memphis Prince Conley, que introduce con una pequeña historia. El tema de Conley en cuestión lo editó un sello llamado Satellite Records que más tarde se convertiría en el mítico sello Stax. La dueña de Satellite Records era amiga de la madre de Musselwhite y le regaló un montón de discos de 45 revoluciones del desaparecido sello. Entre ellos estaba “I’m going home”.

En total una hora y media del mejor blues que puedas escuchar y que acaba con un solo bis,  “Christo Redemtor” tema fetiche que su primer álbum y que toca con la armónica al aire, demostrando que para que suene bien y bonita, no hay que saturarla con amplificación.

Una vez acabado el bolo Charlie atiende a los fans en el puesto de venta de discos y a pesar del cansancio, no pierde la amabilidad ni esa sonrisa socarrona. Sin duda, un grande entre los grandes.

 

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