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Published on mayo 28th, 2017 | by Jesus Vila

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Chris Cornell (1964-2017).

Recib√≠ la noticia de la muerte de Cornell en las puertas de un triste juzgado. At√≥nito, recorr√≠ en la pantalla de mi m√≥vil las distintas versiones de la noticia, multiplicada por mil, repetida hasta el infinito en las entra√Īas de la red. Pens√© en lo anodino de las cuestiones que √≠bamos a discutir en aquella sala, y me sent√≠ sin ganas de afrontar toda aquella vulgaridad, el d√≠a en el que Chris Cornell nos hab√≠a dejado. Chris Cornell, aquella figura tot√©mica, que, con el torso desnudo y melena al viento, aullaba, desde el clip de “Jesus Christ Pose“, una canci√≥n de estructura desquiciada y agudos imposibles, que junto a ‚ÄúOutshined‚ÄĚ, fueron para nosotros los primeros himnos¬† de un artefacto llamado ‚ÄúBadmotorfinger‚ÄĚ (1991), un disco monol√≠tico, enrevesado y anticomercial encumbrado, contra todo pron√≥stico, por la entonces todopoderosa MTV. Soundgarden parec√≠an entonces, invencibles. La banda perfecta; iconoclasta, innovadora, oscura, poderosa…un eslab√≥n imposible entre el nuevo rock alternativo y el rock setentero m√°s crudo.

Chris Cornell, en cuclillas y con la cara cubierta por su melena rizada, cantando los primeros versos de Hunger strike en el icónico video de Temple of the dog, dándole la réplica a Eddie Vedder en una playa nublada. Un fragmento de belleza congelado para siempre en el tiempo, que servía de presentación a uno de los álbumes más hermosos jamás grabados, la elegía del gran Andrew Wood, la estrella que nunca pudo ser.

Chris Cornell, moviendo su melena como un dios del rock, cuando indagamos hacia atr√°s y descubrimos el “Louder than love” (1989), y sus dos trabajos anteriores. Deslumbr√°ndonos en ese apasionante concierto editado bajo el nombre de Motorvision. El significado del nombre del grupo, aquella escultura en la ciudad de Seattle al que el viento extrae extra√Īos sonidos.

Soundgarden √©poca “Badmotorfinger”.

Chris Cornell, aquella figura vulnerable y sensible, que cantaba, ya desprovisto de su ic√≥nica melena,¬† que los d√≠as oscuros hab√≠an vuelto, la que aullaba sobre la depresi√≥n en “The day i tried to live“, que nos recordaba a alg√ļn gran grupo de los setenta con un single tan aplastante como “Spoonman“. Recuerdo que cuando “Superunknown“(1994) sali√≥ al mercado lo hizo ya con ese aroma a cl√°sico instant√°neo. Soundgarden estaban ya completamente consagrados, representaban al grupo de rock imbatible por excelencia, ocupaban un lugar que en otras √©pocas pudieron haber ocupado Sabbath, Zeppelin o Purple. Acababan de sacar un disco ecl√©ctico, diverso e imprevisible repleto de himnos de rock aplastante, pero tambi√©n de oscuros medios tiempos, melod√≠as enfermizas, extra√Īas afinaciones y giros imposibles. Est√°bamos en plenos 90, y¬† Alice in chains, Faith no more, Blind Melon y tantos otros inundaban el mercado con sus obras maestras. Pero entre ellos, Soundgarden parec√≠a una banda particularmente compacta y estable, el tipo de formaci√≥n que estaba destinada a reinar durante muchos a√Īos.

I caught the moon today...”, Chris Cornell cantando los primeros versos del primer single de “Down on the upside” (1996), un tema redondo, aplastante, que abr√≠a otro gran √°lbum. La m√ļsica de Soundgarden, quiz√° influida por el disco de Temple of the dog, hab√≠a dejado de ser ese hard rock enrevesado y gran√≠tico, para evolucionar a un rock de corte m√°s cl√°sico, abierto a los medios tiempos, pero sin abandonar la contundencia y la oscuridad. El disco pas√≥ de mano en mano, de colega en colega, con r√°pidez. Era bueno, muy bueno, otro cl√°sico a sumar a la lista; a los pocos d√≠as esos temas ya formaban parte de nosotros como si siempre hubieran existido. En aquel momento, aquella banda parec√≠a absolutamente incapaz de grabar algo mediocre.

Temple Of The Dog: Soundgarden + Pearl Jam.

Chris Cornell, cantando a pocos metros de mi ese mismo tema en el estadio de la Peineta. Uno de esos conciertos d√≥nde te sientes flotar, elevado de la realidad, un estado dif√≠cil de describir a quien no lo haya experimentado. Una sensaci√≥n s√≥lo empa√Īada por unos cuantos irrespetuosos que esperaban a “sus” Metallica, ya en plena fase de decadencia discogr√°fica con su “Load“. Frustraci√≥n por no poderlos ver a ellos solos, en una sala repleta de fans entregados a la m√ļsica de la banda.

Meses después, la separación de Soundgarden sacudió al mundo del rock. Corría 1997, y la fulgurante escena de los 90 ya daba signos de agotamiento.

Escuch√© su¬† primer disco en solitario, que ahora mismo suena en mi equipo, y me pareci√≥ un¬† buen √°lbum, que he sabido apreciar m√°s con el tiempo, y del que destacar√≠a “Wave goodbye” “Steel rain” “Can’t change me“…., aunque debo de admitir que su trayectoria posterior, tanto como solista como en Audioslave, no me marc√≥. No forma una parte importante de mi vida como los discos cl√°sicos de Soundgarden o el de Temple of the dog; sin embargo jam√°s quitar√≠a una canci√≥n suya que sonara en mi equipo; hay algo en esa voz, una profundidad¬† y un carisma que siempre tienen algo que decirte.

El retorno de la banda en 2010 y el posterior anuncio de un nuevo √°lbum lo viv√≠ con emoci√≥n y expectaci√≥n, pero el disco (“King animal“) no me consigui√≥ atrapar. En ese sentido los 90 parec√≠an quedar ya lejos, pero un regreso de Soundgarden a la actividad, siempre era una buena noticia. Si hubiera tenido la oportunidad, hubiera disfrutado enormemente el verlos de nuevo en directo, pero no, todo se qued√≥ en aquella √ļnica vez, aquel 1996 en la Peineta. 2016 tambi√©n vi√≥ una reuni√≥n asombrosa: la de Temple of the dog, conmemorando el 25 aniversario del m√≠tico disco. Segu√≠ con emoci√≥n a trav√©s de Youtube sus diversas apariciones en directo, deseando que un milagro los trajese a Espa√Īa.

El anuncio de su muerte me dej√≥ varios d√≠as sumido en estupor, regresando una y otra vez aquellos d√≠as en los que el rock alternativo dominaba la tierra. D√≠as asombrosos, sin duda. Con la muerte de Cornell no s√≥lo desaparece una voz eterna, adem√°s tenemos la sensaci√≥n de alejarnos un poco m√°s de aquella escena exhuberante, que yo ubicar√≠a entre 1987 y 1997, cuando se editaban obras maestras continuamente como si eso fuese la cosa m√°s natural del mundo, de alejarnos un poco m√°s de aquella malograda generaci√≥n de m√ļsicos que cre√≠an en la creatividad, en la visceralidad y la no artificiosidad, que hablaban de t√ļ a t√ļ de la realidad, que hac√≠an caer todas las m√°scaras para quedarse con la esencia, con la m√ļsica. La fuerza conductora de nuestras vidas/ el √ļnico lenguaje internacional/ gloria divina/ la expresi√≥n/ la rodilla se dobla, la lengua confiesa./ para el se√Īor de se√Īores/el rey de reyes(Mother Love BoneMan of golden words“).

 

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